Hay una etapa esencial en el desarrollo del niño que no tiene nada que ver con la educación moral, salvo en el sentido de que, si se supera con éxito, la solución personal y propia del problema de la destrucción de lo amado por parte del niño se convierte en un anhelo de trabajar o adquirir habilidades. Entonces la provisión de oportunidades (y esto incluye la enseñanza de habilidades) satisface la necesidad del niño. Pero esta necesidad es el factor esencial, y surge de la instauración en el self de la capacidad para soportar el sentimiento de culpa con respecto a los impulsos y a las ideas destructivas, para soportar el sentirse en general responsable de las ideas destructivas, gracias a haber adquirido confianza en los impulsos reparadores y en las oportunidades para aportar. Esto reaparece en gran escala en el período de la adolescencia, y es bien sabido que la provisión a los jóvenes de oportunidades de ser útiles tiene mayor valor que la educación moral en el sentido de enseñarles ética.
Donald W. Winnicott
